De Pueblos Indígenas en Brasil
Foto: Beth Lins, 2008

Puyanawa

Autodenominación
¿Donde están? ¿Cuántos son?
AC 745 (Siasi/Sesai, 2014)
Familia linguística
Pano
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Los Puyanawa sufrieron, así como muchos otros pueblos del Acre, con el crecimiento de las actividades de explotación de goma y caucho en la región a inicios del siglo XX. Desde los primeros contactos con los no indios, muchos han muerto en enfrentamientos o a causa de enfermedades adquiridas en este proceso. Los sobrevivientes fueron forzados a trabajar en el caucho y vieron rápidamente su forma de vida cegada como resultado de los métodos utilizados por los "coroneles del caucho" para mantener a los indios bajo su yugo. Los Puyanawa fueron despojados de sus tierras, catequizados y educados en escuelas, que prohibían la expresión de cualquier trazo de su cultura.

Sólo con el inicio del proceso de demarcación de sus tierras, la cultura puyanawa volvió a ser valorada por los propios indios, que se han esforzado por recuperar su lengua nativa, tarea que es llevada a cabo con dificultad, dado el reducido número de hablantes.

Lengua

La lengua puyanawa pertenece a la familia lingüística pano.

Entre los Puyanawa, la primera persona que planteó por primera vez la necesidad de la preservación lingüística del grupo fue Railda Manaitá, que incluso sin apoyo externo ni material educativo, trató de inculcar este valor en los otros indios, a través de clases donde se enseñaba el idioma. Para estas clases, creó un alfabeto, basado en el portugués, e hizo una lista de palabras y frases en la lengua nativa.

La lengua puyanawa es llamada por sus hablantes Ûdikuî, "lengua verdadera". El número de hablantes activos era, en el momento de la encuesta sobre el terreno (julio de 1990) de doce, en una población de 385 personas. Es interesante notar que los niños, que serían los elementos perpetuadores del lenguaje son monolingües en portugués, lo que genera un proceso de obsolescencia del lenguaje o la posible extinción de este valioso patrimonio cultural.

[Aldir Santos de Paula, 1992]

Lengua amenazada

La lengua puyanawa comenzó a desaparecer en torno a 1910, cuando los indios fueron secuestrados y esclavizados por orden del coronel Mâncio Agostinho Rodrigues Lima para trabajar en la extracción de caucho y otros servicios de su hacienda. La primera disposición de los caucheros fue la prohibición del uso de la lengua indígena y la creación de una escuela para que todos los nativos aprendan portugués. Quien hablaba puyanawa era severamente castigado.

En las últimas décadas, murieron casi todos los hablantes de la lengua, que eran niños en la época del contacto. Después de la esclavitud, los indios se avergonzaban de la lengua, que fue casi olvidada.

En 2009, de unos 500 indios puyanawa, sólo tres hablaban Puyanawa: Railda Manaitá, de 79 años, el único fluente en el idioma; su hermano, Luiz Manaitá, de 85 años; y el ex cacique Mario Puyanawa, de 65 años.

A pesar del esfuerzo por retomar la lengua, los resultados son aún limitados: ningún estudiante puede mantener un diálogo en puyanawa.

[Luiza Bandeira / Folha de Sao Paulo, 2009]

Población

Las informaciones que se tienen sobre la población puyanawa atestan que en 1908 había de 200 a 300 indios en la región. Un indígena informó que, en 1913, cuando se realizaban los primeros contactos con los no-indios, había alrededor de 200 personas en el cauchal Barón de Río Branco, y una segunda fuente dice que fueron catequizados 208 Puyanawa en 1913. Sin embargo, esta población se redujo a 115 personas en el mismo año, debido a conflictos y a una epidemia de sarampión causados por el rápido avance de las actividades de explotación de caucho (véase el historial de contacto). Los datos de 1920 a 1927 constatan una población de 125 personas igualmente en el cauchal Barón de Río Branco.

[Marco Antônio Teixeira Gonçalves, 1991]

De acuerdo a la Zonificación Ecológico-Económica (ZEE), realizada por el gobierno de Acre en 1999, había 403 personas. El nuevo censo llevado a cabo en el 2009 por la Funasa (Fundación Nacional de la Salud)presentó una población mayor de 529 personas. Y en el 2010 el número llegó a 540 personas.

Localización

En el inicio del siglo XX, los Puyanawa habitaban las cabeceras de los afluentes del bajo río Moa. Después del contacto con los no indios, fueron forzados a vivir en las tierras que pertenecían a un terrateniente poderoso en la región, el coronel Mâncio Agostinho Rodrigues Lima.

Los Puyanawa viven en dos aldeas, Barón del Río Branco e Ipiranga, ubicadas en el municipio de Mâncio Lima, en Acre. La principal vía de acceso es la carretera que es transitable todo el año. La distancia entre la sede de Colocación Ipiranga y la ciudad de Mâncio Lima es de 28 kilómetros. La otra opción de acceso a la tierra de los Puyanawa es a través del río Moa.

[Constant Tastevin, 1924; José Carlos Levinho, 1984]

Historial de contacto

A partir de  las dos últimas décadas del siglo XIX, los territorios indígenas ricos en caucho y seringa, que se encuentran en la región bañada por los ríos Juruá y Purus, fueron violentamente invadidos por grupos de caucheros, seringueiros (recolectores de las seringueiras, Hevea brasiliensis) y seringalistas (propietarios de los seringales o cauchales).

En el año 1888 comenzó la explotación por los no-indios del río Moa, un afluente del Juruá. Cuatro años más tarde, todo el río, incluyendo su rama principal, llamado Azul, se encontraba poblado por los exploradores de la región. Es por entonces, 1893, que surgen las primeras noticias sobre la presencia de indios de habla Pano en el Paraná de los Moura y en el río Moa. Algunos años después, en 1905, el prefecto del Alto Juruá, Gregorio Taumaturgo Azevedo, informó sobre la existencia de asentamientos en las vertientes del Moa.

El rápido avance de las actividades de explotación del caucho en esta región condujo a la eliminación de gran parte de la población nativa. Algunos grupos, a medida que sus territorios fueron ocupados, abandonaban sus casas y rozas, buscando refugio en las cabeceras de los ríos o en áreas aún no exploradas. Es lo que se percibe leyendo una carta del Coronel Mâncio Lima, en la cual afirma que desde 1900, cuando inició la explotación de sus propiedades, venía tentando establecer contacto con los indios que habitaban las tierras entre el Paraná de los Moura (o de la Viuda) y el río Moa, sin que, no obstante, obtuviera resultados satisfactorios. En una carta enviada al SPI (Servicio de Protección a los Indios) en 1913, dijo que su meta era catequizar a los indios.

[Jose Carlos Levinho, 1984]

Primeros Contactos

Brasil. Tribunal Especial. Publicada em 1931, Vol. 4, pg. 30. Acervo: Arquivo Nacional
Brasil. Tribunal Especial. Publicada em 1931, Vol. 4, pg. 30. Acervo: Arquivo Nacional

El primera intento de contactar a los Puyanawa fue en 1901, después que los indios se llevasen pertenencias de los seringueiros de la región. El coronel Mâncio Lima organizó, entonces, una expedición que contó con la presencia de tres indios. Durante once días recorrieron los bosques en busca de los indios. No consiguieron encontrarlos, aunque vieron señales recientes de ellos todos los días. Encontraron 13 grandes rozas y 5 barracones donde dejaron presentes.

En 1904, los indios volvieron a entrar en la casa de los seringueiros y se llevaron herramientas, ropa, etc. Esta vez, algunos fueron localizados en una trocha y no consiguieron escapar. Ellos enseñaron el camino hasta la aldea, pero cuando llegaron, ya estaba vacía. Diez días más tarde, en otro intento, encontraron la aldea quemada.

En 1911, Antonio Bastos, funcionario del SPI (Servicio de Protección al Indio), acompañado del hermano de Mâncio Lima, de cinco indios del alto Moa, un guía y otras personas, intentaron localizar a los Puyanawa. Esta vez sólo encontraron malocas (casas comunales) vacías y grandes rozas.Entonces decidieron subir el río Juruá, con el objetivo de traer algunos Yaminawa para ayudarles a atraer a los indios, pero no tuvieron éxito. Al final de ese mismo año, fue organizada una nueva expedición, esta vez con éxito, durante la cual pasaron una noche entre los Puyanawa. Después de esto, el coronel Mâncio Lima solicitó apoyo del gobierno para catequizar a los indios que hace diez años estaban en el centro de su plantación de seringa.

Brasil. Tribunal Especial. Publicada em 1931, Vol. 4, pg. 30. Acervo: Arquivo Nacional
Brasil. Tribunal Especial. Publicada em 1931, Vol. 4, pg. 30. Acervo: Arquivo Nacional

De acuerdo con los ancianos, justo antes de ser contactados, los Puyanawa se habían dividido porque el número de personas había aumentado. Un grupo permaneció en la cabecera del igarapé (brazo de río) Preto, afluente del Paraná de los Moura, y el otro, encabezado por el tuxawa (líder) Napoleón, se dirigió al Riozinho, un afluente del río Moa. Aquellos que se quedaron en el igarapé Preto fueron localizados por el equipo de atracción dirigido por Antonio Bastos. Dicen los indios que estaban dentro de la cabaña cuando fueron sorprendidos por gritos en su idioma, para que no corran. Las dos puertas de la maloca fueron cercadas, pero las mujeres, asustadas, consiguieron huir, llevándose a casi todos los niños. Los hombres, al siguiente día, fueron a buscarlas en el bosque. Algún tiempo después fueron conducidos todos al igarapé Bom Jardim, un afluente del Moa, donde hicieron dos rozas. Pero se quedaron en este lugar sólo un año, pues fueron luego transferidos al igarapé de la Maloca, en la Hacienda Barón de Río Branco.

Sobre la "pacificación" de los indios en el Departamento de Juruá, el Prefecto Rego Barros, dijo en su informe de 1914 que Antonio Bastos "[...] trajo más de 800 silvícolas en relación de amistad con los caucheros, permitiendo la extensión del campo de acción de la industria extractiva y el tercero [Mâncio Lima], que tenía el trabajo de sus dos plantaciones de caucho perturbado por indígenas vecinos, logró después de una lucha de más de 12 años, con un desembolso enorme de dinero en efectivo, aproximarlos con la ayuda de Antonio Bastos, localizando en su hacienda Barón de Rio Branco, en el río Moa, 150 individuos de la tribu Poyanawa, presentando algunos admirables tipos físicos, varios de ellos con estatura poco común entre los indios". 

Los indios permanecen en la hacienda Barón de Rio Branco por un corto tiempo, pues no se adaptaron al nuevo sitio por varias razones, una de las cuales era el trabajo forzoso, que provocó la huida del grupo. Sólo un hombre no pudo escapar por encontrarse en el igarapé Bom Jardim. Este indio se vio obligado a seguir el rastro del grupo, que se había dividido en tres, pero aún así fueron localizados. En esta captura, el tuxawa Napoleón fue asesinado fríamente a balazos por el capataz de Mâncio Lima. Después de la muerte del líder, el grupo se dispersó, cruzando el río Azul.

Los otros dos grupos fueron encontrados y llevados de vuelta al seringal. Finalmente, el grupo disperso fue localizado por casualidad, pues los Puyanawa utilizaron varios artificios para confundir al rastreador. Después de ser capturados, los hombres fueron azotados y devueltos al igarapé de la Maloca. Al llegar, una epidemia de sarampión diezmó a lo indios. Los que sobrevivieron fueron trasladados a la Colocación Ipiranga.

[José Carlos Levinho, 1984]

Período de "cautiverio"

De 1915 a 1950 fue el período que los indios llaman de "cautiverio". Los hombres fueron separados de sus esposas y enviados a los establecimientos de seringa, donde trabajaban durante todo el año: en el verano cortaban seringa en las márgenes del río Moa y, en el invierno, en los "centros" del seringal. Las mujeres y los ancianos quedaban encargados de las actividades agrícolas. Plantaban grandes rozas de maíz, yuca, arroz, caña de azúcar y frijoles. También eran obligados a realizar largas caminatas transportando cestas de harina, azúcar y bolas de caucho.

Sólo al final de la década de 1930 las mujeres fueron dispensadas de trabajar en la agricultura y recibieron permiso para vivir con los hombres en los establecimientos dispersos del seringal.

Este período está muy vivo en la memoria de los viejos puyanawa. Vivían como verdaderos esclavos del coronel Mâncio Lima, dueño de la plantación Barón de Rio Branco. No tenían derecho a nada, ni siquiera a una parte ínfima de su antiguo territorio. Fueron completamente despojados de sus tierras. Ellos comenzaron a hacer todo tipo de trabajo manual y pesado en el seringal Barón y, a cambio, recibían su alimento diario y algunos pocas mudas de ropa.

De hecho, fueron los Puyanawa quienes desarrollaron la plantación Barón, construyendo carreteras que conectaban la sede del seringal con la Villa Japiim y ésta con la ciudad de Cruzeiro do Sul. Ellos impulsaban los ingenios azucareros y las fábricas de harina, derribaban el bosque para abrir las rozas, chacras y pastizales para el ganado, abrieron los caminos de la seringa en el bosque y fabricaron muchas bolas de caucho.

Cuando el seringal Barón del Río Branco entró en decadencia, después de la muerte del coronel Mâncio Lima en 1950, los Puyanawa, fueron liberados finalmente del régimen de servidumbre al que habían sido sometidos.

Solamente después de eso, los Puyanawa hicieron rozas para sus familias, algo que hasta entonces habían sido impedidos de hacer. Continuaron produciendo caucho, a pesar de la crisis de esta economía en la región, pero aún eran obligados a pagar por el uso de los estradas de seringa a los herederos del antiguo dueño de la plantación. El pago de "renta por las estradas de seringa" significaba que los Puyanawa no tenían derecho a ninguna parte de sus antiguos territorios y así seguían viviendo en sus tierras como intrusos.

Sólo en 1977 la Funai (Fundación Nacional del Indio) realizó los primeros estudios para identificar la Tierra Indígena Poyanawa, la cual fue reconocida oficialmente en el 2001.

[Terri Valle de Aquino, 1985] 

Aspectos culturales

Sra Isaura Antimá. Foto: Delvair Montagner Melatti, 1977. Acervo CPI-AC.
Sra Isaura Antimá. Foto: Delvair Montagner Melatti, 1977. Acervo CPI-AC.

El tatuaje facial es una característica común a diversos pueblos de lengua pano. El padre Tastevin relató a comienzos del siglo XX que, entre los Puyanawa, el tatuaje era una línea que iba de la altura de la boca hasta el lóbulo de la oreja, trazando sobre ella pequeñas líneas verticales. Usaban un color azulado sobre el tatuaje y alrededor de los labios. El tatuaje era hecho en niños de ocho a diez años, por lo general por las personas mayores. En la década de 1980, había todavía tres indios puyanawa con tatuaje facial.

Según otras informaciones, registradas también en torno a 1980, por entonces ya sólo las personas mayores sabían hacer cestas, arcos y flechas, adornos corporales, hamacas y vasijas de barro. Estos últimos objetos eran confeccionados para fines domésticos y religiosos. Antiguamente, había un recipiente destinado a "cocinar muertos."

Según Tastevin, los Puyanawa cocinaban los cadáveres durante diez a doce horas, danzando y llorando. El líder dividía los trozos de carne del muerto entre los parientes y demás participantes en el ritual. Estos incineraban los trozos de carne y mezclaban las cenizas con caiçuma (sopa de maíz con maní), que era entonces ingerida con el objetivo de incorporar las cualidades de la persona fallecida.

[José Carlos Levinho, 1984, Marco Antonio Gonçalves Teixeira, 1991]

Viviendas

Kupixáwa na Aldeia Barão. Foto Frederico Lobo, 2008. Acervo CPI-AC.
Kupixáwa na Aldeia Barão. Foto Frederico Lobo, 2008. Acervo CPI-AC.

José Castelo Branco (1950) describe las casas puyanawa como de baja altura, con las partes laterales de la cobertura bajando hasta el suelo, sin paredes, con una abertura, del tamaño de un hombre, en la parte del frente y otra atrás. Llegaban a tener un área de cien metros, con pocos de ancho, y alojaban a varias familias, cada una con su propio fogón.

Registros de la década de 1980 cuentan que los Puyanawa vivían relativamente cerca unos de otros. Las casas eran construidas según el estilo regional: a dos aguas, de madera o o paxiúba (especie de palmera) sobre pilotes. Las casas, que por lo general reunían a una pareja con sus hijos y algún agregado familiar, acostumbraban tener tres recintos: la "cocina", donde se tenía una estufa a leña, el "cuarto" con hamacas o camas y la “sala” que a veces tenía una mesa y algunos bancos.

[José Carlos Levinho, 1984]

En el 2006, las casas eran ya, en su mayoría construidas con base de mampostería y paredes de madera, el techo era de tejas fabricadas, en formato a dos aguas. Las casas suelen tener dos cuartos, una sala y una cocina, y casi ninguna casa posee cobertizos. Algunas casas tienen jardín vallado, pero la mayoría no.

No existen criterios para determinar quién es dueño de una determinada parte de la tierra. Los residentes cercan el patio del tamaño que consideran ideal para su familia y empiezan a cuidar de este espacio. Hay luz en todas las casas. El baño está fuera de la casa y el baño se toma generalmente en el igarapé Grande, o en pozos. Cada aldea tiene un pozo artesiano y un tanque de agua que sirve a todos los hogares.

[Fabricio Bianchini / CPI-AC, 2006]

Actividades Productivas

La subsistencia de los Puyanawa tiene una base fuerte en la agricultura. Cada familia nuclear posee su roza, produciendo principalmente para el consumo doméstico.

Plantan yuca (mandioca) y maíz duro intercalados; frijol peruano, mudubim (tipo de maní) blanco de siete semanas y arigó, también intercalados con yuca; arroz, plátano y caña de azúcar son cultivados en forma separada. Dada la influencia de la sociedad regional, algunos también se cultivan algunos pies de café.

Integrados en la economía regional, venden harina, gallina, huevos y cerdos, conforme al sistema de comercio de la región, es decir, venden a intermediarios de Cruzeiro del Sur o de poblados próximos a la comunidad puyanawa, adquiriendo, a cambio, ropa, sal y otros productos.

Asimismo, con respecto al comercio, el caucho sigue siendo un producto comercializado en la región. La pesca ya no es una fuente perenne de alimentación, como tampoco la caza que, según informaciones, es casi inexistente desde la década de 1970. Además, todavía persisten entre los Puyanawa actividades remanentes de su cultura ancestral, con el fin de mantener una buena forma de vida; ellos se  desplazan a pie en las direcciones más variadas para conseguir caza, agua, frutos silvestres, materia prima para su reducidísima artesanía, barro para cerámica, tallos de bambú para astas de flechas, etc.

[Gondim Sergio Augusto de Albuquerque, 2002]

Gestión de la roza

Hay en cada aldea un área de roza común, subdividida en parcelas, donde cada familia, que trabaja en la roza, es dueña de un grupo de parcelas. La tierra para el cultivo se prepara por medios mecánicos, con el tractor de la propia comunidad. Hay también, en dos aldeas, molinos de harina, unas construidas por el gobierno y otras construidas anteriormente por la propia comunidad. El trabajo de la siembra y el procesamiento de la yuca se realiza siempre en grupos familiares o entre amigos y el pago por servicios se lleva a cabo mediante intercambio de servicios, pago en efectivo o entrega de bolsas de harina.

Los jardines alrededor de las casas está siendo reforestados desde hace poco tiempo e un corto tiempo, debido al gran número de cerdos que eran criados sueltos en la aldea.

Las áreas de roza se encuentran cerca de la aldea. Hay una pequeña zona de selva antes de llegar a las rozas. La roza representa una gran superficie de terreno abierto, donde hay áreas de pasto para el ganado, rodeadas por las partes de cultivo. Se divide en parcelas de 100x100 metros, que corresponden a una hectárea, y cada familia posee un cierto número de parcelas, donde se realiza el cultivo de la yuca para la producción de harina. Generalmente la siembra se realiza en una parcela, dejando a las otras en reposo.

La preparación de la tierra se hace quemando la hierba, luego se grada la tierra. Este gradeo se hace mecánicamente con el tractor de la asociación de la comunidad, adquirido a través de un Proyecto del Plan de Desarrollo de la Amazonía (PDA). Cada agricultor pagaba, en el 2006, sesenta reales por hora por el uso del tractor. Este dinero era utilizado para pagar costos como el del combustible diesel, el mantenimiento del tractor y el jornal del tractorista. Para gradar una parcela se demora aproximadamente dos horas y la preparación de la tierra se lleva a cabo a principios del invierno, cuando comienzan las lluvias. El recurso a la mecanización para la siembra de la roza en la Tierra Indígena Poyanawa es usual desde 1996.

El suelo de la roza es arenoso y en esta zona proliferan las samambaias (Pteridophyta) (conocidas como "prumas" en la región), lo que indica un alto grado de acidez. El uso intensivo de la grade contribuye a la degradación del suelo, además de la práctica de la quema, que perjudica bastante el desarrollo de la micro y macro vida en el suelo. Todo esto se refleja en la pérdida de fertilidad del suelo y, en consecuencia, en la disminución de la productividad. El cultivo se realiza sin intercalar otros cultivos con la yuca. Sólo hay una variedad de yuca cultivada, que es la yuca blanca, y fue escogida por adaptarse mejor a las características del suelo y del clima de la región. Algunos moradores poseen cultivos en sus patios de las diferentes variedades cultivadas en la roza.

La siembra de la yuca blanca se hace a partir de gajos de yuca, que son partes de la rama de la yuca cortadas en trozos de 15 centímetros para proporcionar buenas reservas nutritivas. La recolección se realiza con ayuda de carretas tiradas por bueyes, utilizados para el transporte de la yuca a los molinos de harina. Las carretas también se utilizan para recoger madera seca utilizada en los hornos de las fábricas de harina. El manejo de la roza, la cosecha y el procesamiento de la yuca son actividades realizadas por los propios familiares o a través de mutirões (movilizaciones colectivas).

El procesamiento de yuca en harina es la principal actividad generadora de ingresos de la comunidad puyanawa. Con el apoyo del gobierno del Estado, de la prefectura municipal de Mâncio Lima y del Sebrae (Agencia de Apoyo al Emprendedor y al  Pequeño Empresario) se construyeron dos casas de procesamiento de la harina en la comunidad. El Sebrae realiza una labor de apoyo a las casas de harina de la región de Mâncio Lima que ha dado lugar a la creación de una asociación de productores de harina, de la cual algunos de los Puyanawa hacen parte.

[Fabricio Bianchini / CPI-AC, 2006]

Organización política

En la década de 1980, los Puyanawa tenían dos jefes cuya función era representar al grupo frente a la sociedad nacional. Destacaba la Asociación Agroextrativista Poyanawa de Barão e Ipiranga (AAPBI), fundada en 1988 para apoyar a los dirigentes, además de garantizar a la comunidad el acceso a beneficios a través de proyectos con financiamiento externo.

[Sergio Augusto de Albuquerque Gondim, 2002]

Asociación Indígena

puyanawa_3
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El año 1988 estuvo marcado por la aparición de las primeras asociaciones indígenas en el estado de Acre, entre ellas, la Asociación Agroextrativista Poyanawa de Barão e Ipiranga (AAPBI). Después de dos años de su fundación, los Puyanawa demarcaron su tierra con recursos adquiridos por los dirigentes en un viaje a Inglaterra. La iniciativa, que no tuvo reconocimiento oficial de la Funai, jugó un papel decisivo para la movilización de la comunidad, legitimar el territorio puyanawa frente a la sociedad regional e impedir las invasiones que los cazadores estaban promoviendo.

En la década de 1990, la AAPBI estuvo involucrada en varios proyectos para generar ingresos para la comunidad. Recibió fondos para financiar parte de la producción de harina vendida a los grandes compradores de Cruzeiro do Sul. Sin embargo, el final de este proyecto coincidió con el desmantelamiento de la cooperativa local. La Asociación también administró un proyecto de creación y comercialización de pequeños animales domésticos y, de 1997 a 1999, desarrolló un proyecto centrado en la compra de un tractor e implementos con el fin de mecanizar las actividades agrícolas, reutilizar las áreas del matorral y evitar una mayor deforestación en las áreas de bosque nativo.

En 1999, la AAPBI firmó el contrato de prestación de servicios junto con el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y el PPTAL (Proyecto Integrado para la Protección de las Poblaciones y Tierras Indígenas en la Amazonia Legal) para la ejecución del "Subproyecto de Seguimiento y Consolidación de la Demarcación Física de la Tierra Indígena Poyanawa". Este tenía por objeto promover las condiciones para que los Puyanawa y su Asociación supervisen y fiscalicen la demarcación de sus tierras, hecha por una empresa de topografía contratada por la Funai en el primer semestre de 2000. La Asociación también quedó responsable de fijar las placas indicativas en las vías de entrada consideradas vulnerables, a fin de señalizar la prohibición de las invasiones de cazadores, pescadores y madereros.

El proyecto permitió el fortalecimiento institucional de la APPBI. Su consejo de administración y los equipos de trabajo recibieron cursos de contabilidad, secretariado, uso de GPS y registro. Para apoyar el trabajo de la AAPBI fueron adquiridos bienes materiales permanentes y de consumo para la nueva sede en la aldea de Ipiranga, así como un barco para apoyar el trabajo de demarcación y permitir la vigilancia y la supervisión de la tierra. La Asociación divulgó la demarcación a través de mensajes de radio, artículos en periódicos, visitas a las comunidades agrícolas vecinas, asociaciones de indios y recolectores de caucho, sindicatos y organismos gubernamentales con sede en Mâncio Lima y Cruzeiro do Sul. Los Puyanawa exigen, desde la demarcación y homologación de la Tierra Indígena, más compromiso por parte de los órganos competentes del Gobierno para impedir las invasiones y ocupaciones ilegales que continúan ocurriendo.

[Marcelo Piedrafita Iglesias, 2001]

Fuentes de Información

  • AQUINO, Terri Valle de. A imemorialidade da área e a situação atual do povo Poianaua. Rio Branco-AC: s.ed., 1985-1 nov.

 

  • BANDEIRA, Luiza. Monólogo Paciente. Folha de São Paul'o, Caderno Mais! 12/07/2009.

 

  • BIANCHINI, Fabrício. Relatório da Segunda Oficina de Etnomapeamento na Terra Indígena Poyanawá. Comissão Pró-Índio do Acre (CPI-AC), Rio Branco, outubro 2006.

 

  • CASTELO BRANCO, José Moreira Brandão. “Caminhos do Acre”. In: Revista do IHGB, vol.196, Rio de Janeiro, Imprensa Nacional, 1950.

 

  • FUNAI. Relatório da Viagem Realizada a Áreas Indígenas. Cruzeiro do Sul-AC, 03/13/1977.

 

  • GONÇALVES, Marco Antônio Teixeira (Org.). Acre: História e Etnologia. Rio de Janeiro: UFRJ, 1991.

 

  • GONDIM, Sérgio Augusto de Albuquerque. “Poyanáwa: sabedoria e resistência”. In: Povos do Acre – História Indígena da Amazônia Ocidental. Ed. Fundação de Cultura e Comunicação Elias Mansour (FEM). Rio Branco, Acre, 2002. Baixe o livro na íntegra:
  • IGLESIAS, Marcelo Piedrafita. Assuntos Indígenas. Consultoria contratada pelo Instituto do Meio Ambiente do Acre, da Secretaria de Estado de Ciência, Tecnologia e Meio Ambiente. Rio de Janeiro/Rio Branco, abril-maio 2001.

 

  • LEVINHO, José Carlos. Relatório de reestudo das Áreas Indígenas Poyanawa, Nukini, Jaminawa e Campinas. s.l.: Minter-FUNAI, 1984.
  • LIMA, J. F. (KIXI). Entrevista feita no II Encontro de Culturas Indígenas. Rio Branco- AC, 20/04/2001.
  • MONTAGNER MELATTI, Delvair. Relatório da Viagem Realizada às Áreas Indígenas do Município do Cruzeiro do Sul. DGPC/Funai (1ª eleição da área indígena Poianáua), 1977.
  • PAULA, Aldir Santos de. Poyanáwa, a língua dos índios da aldeia Barão: aspectos fonológicos e morfológicos. Recife, UFPE, 1992. Dissertação de mestrado.

 

  • TASTEVIN, Constant. Les études ethnographiques et linguistiques du P. Tastevin en Amazonie. Journal de la Société des Américanistes, Vol. 16, n. 1, pp. 421 – 425, 1924.